pero lo hacemos igual

16 diciembre, 2012

Si nos organizamos

...cogemos todos

"Philippe La Vant" decía su tarjeta. Se me había acercado en la barra y se ofreció a comprarme un trago. Emanaba olor añ 1 Million de Paco Robanne y tenía una sonrisa blanca sospechosamente perfecta. Como me caben los hombres con confianza accedí. Tragos en mano, me invitó al vip para que pudieramos hablar. Dudé. "Vine con ellas" señalé a mis amigas. "Que vengan, que vengan". Mis amigas no entendían de qué iba la movida pero les dije que Philippe nos iba a invitar unos tragos, que relajaran.

Me escoltó a unos sillóncitos en U y mis amigas nos siguieron. Ellas se sentaron en una mesa con otros dos modelos con cara de putitos lindos. Philipe y yo del otro lado más aislados. Había algo en ese chabón que me intrigaba pero a la vez me generaba desconfianza. Después de un par de tragos encima y algunas indirectas picantes decidió tirarme la propuesta indecente. "Bueno Cat, como veo que no sos ninguna tonta te voy a ser franco. Ando buscando chicas como vos para que trabajen conmigo."  Putas Harry, ese señor quiere putas, pensé para mis adentros. "¿Qué es lo que hacés precisamente, Phhhilipppe?" Indagué haciendome la tonta.

"Organizo orgías privadas." Aunque se acercaba mucho a lo que creía que me iba a proponer no pude caretear mi sorpresa. Estas eran ligas mayores. Notó mi interés y como quien dice la curiosidad mató al gato, él jugó sus cartas. Me empezó a contar de qué iba el asunto; mientras más me lo vendía, más se me acercaba; me terminó hablando prácticamente al oído haciéndome cosquillitas. Justo se estaba yendo a una y muy amablemente se ofreció a llevarme "Sólo para ver". Thanks but no thanks Phillipe. Seré temeraria pero no boluda: me negué con la mejor gracia que pude.

"Una pena Cat", se lamentó mientras agarraba la tarjetita que me había dado antes y ahora le anotaba su celular. "Ahora tenés mi número, me gustaste mucho, tenés madera para esto, se nota. Llamame". Me reí nerviosa, me intimidaba y no lo podía ocultar. Me dio un beso lento sobre el hueso de la mandíbula, más cerca del cuello que del cachete. Era un completo desconocido pero claramente sabía cómo moverse y me dejé. Mis amigas ya estaban paradas del otro lado de la mesa y me miraban mal. Sin nada más que hacer, me levanté, le agradecí los tragos y señalé la tarjeta mientras me la ponía en la cartera. Sonrió pícaro y me guiñó el ojo.

Cuando volvía en taxi para casa rompí la tarjetita en pedacitos y los tiré por la ventanilla, no vaya ser que me tentara y de verdad lo llamara.

4 comentarios:

The Butcher dijo...

Now you're talking :P

Tomás en Shorts dijo...

valió la pena por unos tragos gratis, o no?

Cat dijo...

Tomás: La anécdota del año.

Setzel dijo...

Te querían dar a 80 dedos