El hombre tiene miedo de ver la verdad, de ver que él era algo que no podía definir, de ver que al fin su sexo pudo ser o no ser, que no era absoluto, que podía ser la flor.
El hombre tiene miedo de su sexo también y niega a la mujer que lleva dentro de él. ¿Qué flor le daré a aquel que vive sin amor? La flor de mil y un sexos, que es la flor de un creador.
Cuando eras muy pequeño, vos sabías vivir; todo era pureza, mamá y papá. Si después creciste, sufriste y lloraste, ¿dónde estará la flor, dónde está lo que se fue?
Un día la farsante, nuestra gran sociedad, te dijo mil mentiras y te encerró en un corral: te dijo que tu sexo tenías que ocultar. La flor se marchitó y no pudo ver el sol.
También te dijo cómo tenias que pensar, sentir, sufrir, amar y ser un ser normal, después te regaló el caos y la maldad, y la publicidad por fin te convenció.
Te engañaron, ya lo sabés, sino lo sabés, también. Con la pluma y la palabra, y con silencios también, aunque bien bien lo sabía la bendita sociedad, que eras algo más que un sexo y tu cédula de identidad.