pero lo hacemos igual

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09 febrero, 2014

El año que se me murió la pija - Parte 2

Dos días después averiguo su número y la llamo, le pregunto si está todo bien y si la retaron mucho por llegar al mediodía a su casa, pero ya estoy desinteresado porque su amnesia partió al medio mi fantasía de amor. Igual soy cálido durante la llamada, a ella le gusta mi voz y al final nos agregamos a gtalk. Me amigo con la situación de Navidad porque al final chateando pegamos onda, y nos pasamos la noche entera frente a la pantalla. Antes de irnos a dormir ya estamos hasta las manos y quedamos en volver a vernos y empezar de cero después de que se le pasen sus anginas y no pueda contagiarme. La cita iba a ser en dos días, pero después de mucho chat y escribirnos dos poemas, me la juego y le digo que no me importa si al otro día tengo que trabajar, y a las 3 de la mañana voy a su casa. Nos reencontramos, nos miramos a los ojos, nos besamos, nos abrazamos, nos frotamos, le como el cuello, le toco las tetas, le colo los dedos, estoy muy duro pero no me toca la pija porque estamos en la calle y le da pudor (creo que también le dio pudor que yo la haya tocado tanto). A las 6.30AM le digo que en dos horas me tengo que ir a trabajar y que nos vemos cuando se mejore.

25 diciembre, 2013

El año que se me murió la pija - Parte 1

Creo que el mismo día que la conocí me enamoré, porque fue de esos amores a primera vista. 

Entro por la puerta y ella era de las únicas que había llegado a la fiesta de Navidad. La veo iluminada por una luz y ahí es cuando venzo mi timidez para hablarle. Inmediatamente nos llamamos la atención: a ella le parece tierno mi gorro de Papá Noel y a mi me encanta que ella haya traído su cámara Holga. Hablamos poco pero cuando lo hacemos la miro a los ojos, le hago dos chistes, le preparo su cuba libre y la veo reír. Ella tiene un burbujero y nos ponemos a jugar. De repente la pierdo de vista y cuando la encuentro está mirándome desde abajo de un “muérdago” que hay colgado del techo, pero no nos entendemos y se va rápido. No importa, me paro abajo de ese mismo muérdago y la miro directo a los ojos para que sepa que es ella y no es otra. Se acerca, le agarro el mentón y la beso para siempre. 

Esa noche fuimos nuestros.